«Mejorar la calidad educativa» no es un objetivo: el Agente SMART

Escrito por: José Luis Miralles Bono (tiempo de lectura: 8 ‘)

«Mejorar la calidad educativa del centro.» Si habéis participado alguna vez en la redacción de un Plan de Mejora, seguro que esta frase os suena. Y si no la habéis escrito vosotros, la habéis leído en el plan de otro. Es el objetivo comodín por excelencia: nadie puede estar en contra, queda bien en cualquier documento y vale igual para un conservatorio de Castelló que para una escuela de Helsinki. Que es, precisamente, el problema. 🙃

Los objetivos de un Plan de Mejora tienen la mala costumbre de salir de dos maneras. O son tan generales que no hay forma de saber si se han cumplido, o en realidad no son objetivos, sino una lista de cosas que vamos a hacer («organizar un ciclo de audiciones», «hacer una reunión trimestral de coordinación»). Y en junio, cuando toca evaluar, nos encontramos con que no tenemos con qué: ni dato de partida, ni meta, ni indicador. Solo la sensación de que «algo ha mejorado».

Para ayudar con esto he montado otro agente de Copilot: el Agente SMART. Forma parte de los materiales del curso sobre el Plan de Mejora de los Conservatorios que estoy impartiendo, junto con la Bitácora de reflexión y el juego Tira y Afloja. Como en otras entradas, lo comparto por si a alguien le sirve, tal cual o como punto de partida para montarse el suyo.

El enlace funciona para quien tenga cuenta de Microsoft Copilot de la GVA (el entorno M365 corporativo de la Conselleria). Y recuerdo lo mismo que en la entrada sobre las memorias de final de curso: estamos hablando de documentos de centro, así que Copilot corporativo sí; IAs externas personales, no.

Qué es eso de SMART

Nada nuevo bajo el sol: es el acrónimo clásico para comprobar si un objetivo está bien formulado. Un objetivo SMART es:

  • S, específico: se sabe qué queremos lograr, con quién y en qué ámbito.
  • M, medible: hay un indicador que dice si lo hemos conseguido.
  • A, alcanzable: depende de cosas que el centro controla y tiene recursos para hacerlo.
  • R, relevante: responde a una necesidad detectada en la autoevaluación (el DAFO, las encuestas, los datos).
  • T, acotado en el tiempo: tiene inicio, revisión y final.

Dicho así parece fácil. El problema es que cuando uno revisa sus propios objetivos, los lee con los ojos de quien ya sabe lo que quería decir. Hace falta alguien que los lea desde fuera y que no se conforme. Ese es el papel del agente.

Un mentor exigente (pero majo)

Le he dado un carácter muy concreto: el de un mentor exigente especializado en Planes de Mejora de conservatorios profesionales de música y danza de la Comunitat Valenciana. Directo, no acepta vaguedades, pero nunca humilla: cuando algo falla, dice por qué y ofrece siempre una alternativa concreta. Con algún toque de humor si ayuda a que el mensaje cale, que la autocrítica entra mejor con una sonrisa.

Funciona en dos modos, y detecta solo en cuál está:

  • Modo revisor. Le pegas un objetivo ya redactado y te lo analiza criterio por criterio (cumple, no cumple o cumple parcialmente, y por qué), señala los errores que encuentra, te propone una reformulación y te sugiere indicadores.
  • Modo guía. Llegas con una idea vaga («quiero hacer algo con el abandono») y te acompaña paso a paso con preguntas: ¿en qué especialidades?, ¿qué datos tienes?, ¿de qué porcentaje partes?, ¿a dónde quieres llegar? Dos o tres preguntas por turno, para no abrumar, hasta que hay material suficiente para una formulación SMART completa.

Y una regla que me parece importante: un objetivo cada vez. Si le pegas los ocho objetivos del plan de golpe, te dirá amablemente que vamos uno por uno. Revisar ocho objetivos en una sola respuesta es la receta perfecta para que todos reciban un repaso superficial.

El catálogo de errores

Lo que más me interesaba es que el agente no se limitara a decir «esto no es medible», sino que pusiera nombre a los errores típicos. Ponerles nombre ayuda a reconocerlos la próxima vez sin necesidad de agente. Estos son los que tiene fichados:

  • Actividad disfrazada de objetivo. «Organizar un ciclo de audiciones» es una actuación. El objetivo es lo que queremos conseguir con esas audiciones.
  • Variable no controlable. «Aumentar el presupuesto» o «conseguir más plantilla» no dependen del centro. Se pueden pedir, pero no son objetivos del plan.
  • Objetivo sin vínculo al diagnóstico. Si no se ve de dónde sale, el agente pregunta: «¿De qué evidencia de la autoevaluación sale este objetivo?»
  • Formulación en negativo. «Evitar que el profesorado se desmotive» funciona mucho mejor como un incremento medible de la satisfacción.
  • Confundir indicador con reformulación. «Se ha mejorado la coordinación» no es un indicador: es el objetivo repetido con otras palabras.
  • Objetivo genérico o nebulosa. Nuestro viejo amigo «mejorar la calidad educativa del centro».

Y, por si acaso, la puerta abierta a «otros errores que puedas encontrar», que la creatividad humana para redactar objetivos imposibles de evaluar no tiene límites. 😅

Indicadores: siempre, y de dos tipos

Al final de cada análisis el agente propone indicadores. Siempre al menos dos:

  • Uno de proceso, que mide si las actuaciones se ejecutan (reuniones celebradas, formaciones realizadas, documentos elaborados).
  • Otro de resultado, que mide si se consigue lo que se buscaba (reducción del abandono, mejora de la satisfacción).

La distinción importa más de lo que parece. Es muy fácil cumplir todos los indicadores de proceso (hicimos las cinco reuniones, ¡bien!) y no haber movido ni un milímetro el de resultado. Si solo medimos lo primero, el plan siempre sale bien sobre el papel.

Además, cada indicador tiene que llevar línea base (de dónde partimos), meta (a dónde queremos llegar) y fuente de verificación (dónde se comprueba). Y si el agente no tiene el dato de partida, no se lo inventa: te dice que el centro tiene que obtenerlo antes de arrancar. Que, por cierto, ya es un hallazgo en sí mismo. Más de un objetivo se cae en este punto, cuando descubrimos que no sabemos cuál es nuestro porcentaje de abandono en 3.º de EPM.

Lo que el agente no hace

Tan importante como lo que hace es lo que no hace, y eso también está escrito en el prompt:

  • No inventa datos del centro. Ni líneas base ni porcentajes. Si los necesita, te los pide.
  • No cuestiona las prioridades. Si el centro ha decidido que su prioridad es el abandono, el agente lo acepta. Su trabajo es que el objetivo esté bien formulado, no decidir si es el objetivo correcto. Eso es cosa del claustro y del equipo directivo.
  • No asigna responsables ni calendario. Solo te avisa si faltan en la formulación. Quién y cuándo es terreno del equipo directivo.
  • No trata datos personales del alumnado. Si le pasas datos con nombres, te recomendará anonimizarlos, aunque estemos en entorno corporativo.

Y responde en el idioma en el que le escribas, así que funciona igual en castellano que en valenciano.

El prompt

Este es el prompt completo del agente. Podéis copiarlo tal cual, adaptarlo a vuestro centro o usarlo como plantilla para un agente parecido con otro catálogo de errores:

Para cerrar

El Agente SMART no redacta el Plan de Mejora por nadie, igual que el agente de las memorias no escribía la memoria. Lo que hace es hacer de lector exigente: el compañero que te pregunta «¿y cómo sabrás que lo has conseguido?» justo cuando estabas a punto de dar el objetivo por bueno. El criterio, las prioridades y las decisiones siguen siendo del centro.

Si conseguimos que en junio, a la hora de evaluar, cada objetivo tenga un dato de partida, una meta y una fuente donde mirar, el plan habrá dejado de ser un documento que se entrega para convertirse en una herramienta que se usa. Que, al final, era la idea.


José Luis Miralles Bono

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