PromptDJ en el Aula de Música de Secundaria

Escrito por: José Luis Miralles Bono (tiempo de lectura: 12 ‘)

Un alumno de 3.º de ESO gira un mando y suena un clave. Gira otro y entra una caja de ritmos. Los dos a la vez: un clave con caja de ritmos. La pregunta interesante no es si eso es bonito. Es esta otra: ¿se parece en algo al Barroco?

De Lyria ya hemos hablado aquí. En ChopIAn le pedimos nocturnos de Chopin a seis modelos; en ChopIAn II repetimos con Lyria; en Lyria RealTime me pregunté si la escucha se moría. La conclusión de aquellas pruebas cabe en una línea: producen audio verosímil, no música pensada. Esta entrada no va a desmentirla. Va de qué hacer con ella en un aula.

Un artículo que tiene razón

En junio de 2025, Adam Patrick Bell publicó en Action, Criticism, and Theory for Music Education un artículo titulado «Pedagogy of the Prompt: Music Education, Artificial Intelligence, and Big Tech Magic». Su tesis, resumida a lo bruto: estas herramientas traen incorporada una pedagogía, la pedagogía del prompt, que premia la eficiencia y el producto por encima del proceso y del aprendizaje musical.

  • Google traslada al terreno musical el gesto que ya tenemos automatizado: buscar. Escribir en una caja y esperar resultados.
  • Los sistemas de extremo a extremo, dice, minimizan la toma de decisiones musicales: producto sobre proceso.
  • Los sesgos de los datos de entrenamiento se cuelan sin avisar, igual que en un buscador.
  • Y un detalle que a mí me parece demoledor: Google no acompaña sus herramientas de ninguna propuesta pedagógica. Da por hecho que se transfiere sola.

Bell habla de la «conjura de los algoritmos», citando a Nagy y Neff: un diseño que sirve para «conceal design, create confusion around capabilities». Esconder el diseño, confundir sobre las capacidades, producir un efecto deslumbrante. Quien haya visto una clase entera con la boca abierta ante una canción generada en veinte segundos sabe de qué habla.

No vengo a rebatirlo. Creo que tiene razón. Pero de ahí no se sigue que haya que mantener estas herramientas fuera del aula, porque no están fuera de la vida de nuestro alumnado. Se sigue otra cosa: que si entran, tienen que entrar del lado del oído crítico, no del lado del atajo. La pregunta deja de ser «¿cómo hago música con la IA?» y pasa a ser «¿qué está haciendo exactamente esta máquina, y en qué se parece y en qué no a la música que estudiamos?».

La app: dieciséis mandos que son dieciséis periodos

Google publica en AI Studio unas aplicaciones de ejemplo. Una es PromptDJ MIDI: dieciséis mandos, cada uno con una descripción de estilo, que se mezclan en tiempo real mientras suena la música. Su lista de fábrica es de géneros de música electrónica. Pulsé Remix, que hace una copia tuya y te deja el código a la vista, y cambié esa lista por periodos de la historia de la música: del canto gregoriano al cine actual.

PromptDJ MIDI de Google, con sus dieciséis mandos de géneros electrónicos
La aplicación tal como la publica Google: dieciséis mandos con géneros de música electrónica.
Dieciséis mandos etiquetados con periodos de la historia de la música
La misma aplicación después de la remezcla: los géneros son ahora periodos.

A partir de ahí fui pidiendo cambios en lenguaje natural al asistente de AI Studio, y el resultado tiene cuatro cosas que no estaban en el original.

Una línea del tiempo que se escucha

Un deslizador recorre de 1200 a nuestros días. Cada periodo tiene un año de referencia, y al moverse se reparten los pesos entre los vecinos: en 1937 suena Neoclasicismo al 51 %, Jazz de los años 20 al 27 % y Música concreta al 22 %, y la propia app lo escribe debajo del eje.

La línea del tiempo, con el año, el periodo dominante y la mezcla en porcentajes

Hay un segundo repertorio, «Siglos XX y XXI», con otros dieciséis mandos: impresionismo, swing, música concreta, bebop, rock and roll, vanguardia serial, soul, punk, synth-pop, hip hop, techno, reggaetón y trap. Ahí cada década tiene su sitio y aparecen convivencias que en los libros van en capítulos separados: en 1958, Darmstadt y el rock and roll.

Modo a ciegas

La app elige dos o tres periodos al azar, los pone a sonar y esconde qué está sonando. Hay que señalar los mandos que uno cree reconocer, con un botón de pista que revela la década aproximada, y otro para revelar y contar aciertos. Después de revelar, cada periodo acertado se puede escuchar en solitario para comparar.

Modo a ciegas, con selector de dificultad, pista y revelar

Los mandos del modelo, a la vista

Lyria RealTime acepta unos cuantos parámetros que normalmente quedan escondidos: tempo, tonalidad, densidad, brillo, «obediencia» al enunciado y modo de generación. Los he sacado a un panel, con su nombre técnico debajo, porque enseñarlos es el contenido: que se vea que detrás de la magia hay perillas.

Panel de ajustes musicales con tempo, tonalidad, densidad, brillo y obediencia

Y un botón de grabar, para quedarse con lo que ha salido y poder analizarlo luego con calma.

Cómo está hecho, para quien quiera replicarlo

Todo es la aplicación PromptDJ MIDI de AI Studio, bifurcada con el botón Remix. El motor de audio y la conexión con Lyria RealTime están intactos: lo que cambia es la lista de mandos y la interfaz. Los cambios se los fui pidiendo al asistente en castellano, de uno en uno, escuchando entre medias.

El primer encargo, por ejemplo, fue este:

La primera versión de la línea del tiempo estaba mal repartida: el eje era lineal, así que los siglos XIX, XX y XXI se apelotonaban al final, y la campana que reparte los pesos era de treinta y cinco años fija para todos. Resultado: en 1946 sonaban nueve periodos a la vez y en 1700, uno solo. Se arregló dando el mismo espacio a cada periodo, haciendo que la anchura de cada campana dependa de la distancia a su vecino y limitando a tres los que pueden sonar a la vez.

Lo digo porque es la parte que más se parece a enseñar: la máquina escribe el código, pero hay que escuchar el resultado para saber que está mal.

Seis actividades para escuchar con criterio

1. ¿Se parece este barroco al Barroco?

  • Se sube solo el mando «Barroco» y se escuchan dos minutos.
  • Se escucha después un minueto real, del repertorio que estéis trabajando.
  • Se contrastan cinco rasgos concretos: bajo continuo, jerarquía entre melodía y acompañamiento, tipo de cadencias, ornamentación y timbre de los instrumentos.
  • Pregunta final, la que importa: ¿qué acierta y qué falta? ¿Y por qué justamente eso?

Mi apuesta: acierta el color (clave, cuerdas, una cierta textura) y falla la sintaxis (la conducción de voces, la cadencia que llega cuando tiene que llegar). Es decir, acierta lo que se puede estadísticamente promediar y falla lo que exige una decisión. Esa frase, dicha por un alumno después de escuchar, vale por tres temas de libro.

2. La historia no es un fundido cruzado

  • Se recorre despacio el deslizador y se anota dónde «cambia» de verdad la música.
  • Se compara con lo que dice el libro: ¿el Clasicismo empieza un día?
  • Con el repertorio del siglo XX, buscar 1958: Darmstadt y el rock and roll, a la vez.

La app hace una transición suave porque es lo único que sabe hacer. La historia no. Esa diferencia es el contenido.

3. Mezclas imposibles

  • Gregoriano y trap al máximo. Bebop y polifonía renacentista. Punk y clasicismo.
  • ¿Qué elemento sobrevive a la mezcla: el ritmo, el timbre, la armonía?
  • ¿Qué parte de un estilo es superficie, y qué parte es estructura?

4. A ciegas: ¿reconocemos el periodo o el cliché?

  • Dos periodos sonando, hay que identificarlos.
  • Tras revelar, escuchar cada uno en solitario y decir en qué se notaba.
  • La trampa buena: casi siempre reconocemos el tópico (el clave, el fuzz, la caja de ritmos), no el periodo.

5. Las perillas de la máquina

  • Bajar la «obediencia» y volver a subirla con el mismo enunciado.
  • Subir el brillo en el impresionismo; subir la densidad en el minimalismo.
  • Cambiar la tonalidad y el tempo, que obligan a reiniciar y suenan como un corte.
  • Pregunta: ¿qué significa «obediencia» en música? ¿A quién obedece?

6. Lo que casi no está

  • Escribir en un mando «dolçaina and tabal», o «cant valencià», y escuchar.
  • Compararlo con lo que hace al pedirle techno.
  • Conclusión que se oye, no se explica: los datos de entrenamiento tienen mucho de unas músicas y casi nada de otras.

Es el sesgo del que habla Bell, pero dicho por los altavoces del aula en treinta segundos.

Lo que esta app no arregla

  • Sigue siendo pedagogía del prompt: se escribe algo y sale música. Cambiar la etiqueta de los mandos no cambia eso.
  • Nadie toca un instrumento mientras la usa. Es una herramienta de escucha y análisis, no de interpretación.
  • El modelo genera solo música instrumental y marca todo lo que produce con una señal inaudible (SynthID).
  • No devuelve partitura, ni MIDI: no hay nada que corregir, solo algo que juzgar.
  • Y consume de la cuota de quien la abre, que en un modelo experimental es limitada.

Busqué antes de ponerme, por si alguien había hecho este camino: no he encontrado ninguna experiencia de aula documentada con PromptDJ, ni ninguna bifurcación con intención educativa. Hay treinta y tantas copias del código en GitHub, todas técnicas. Si alguien conoce una, me interesa mucho.

Hazte la tuya

  • Abre PromptDJ MIDI en AI Studio (con Chrome, que es donde funciona el MIDI del navegador).
  • Pulsa Remix: se crea tu copia y el código pasa a ser editable.
  • Pídele al asistente, en tu idioma, que cambie la lista de mandos por lo que quieras enseñar: periodos, texturas, familias de la orquesta, modos griegos.
  • Si tienes un teclado o controlador MIDI, conéctalo antes de abrir la página: mezclar con las manos es otra cosa.

La documentación de Google para Lyria RealTime y su guía de enunciados explican qué acepta el modelo y con qué vocabulario. Merece la pena leerlas: media clase de esto consiste en entender que hay parámetros donde parecía haber magia.

El megaprompt, para replicarla entera

Compartir el código no comparte la cuota de nadie: cada copia funciona con la cuenta de quien la abre. Por eso, en lugar de publicar mi aplicación, dejo aquí el encargo completo. Se pega en el asistente de AI Studio después de pulsar Remix sobre PromptDJ MIDI, y reconstruye todo lo que se ve en las capturas: los periodos, la línea del tiempo, los dos repertorios, el modo a ciegas, los ajustes musicales y el botón de grabar. Si el asistente se atasca, se le pasan los apartados de uno en uno.

Megaprompt completo (pegar en AI Studio tras hacer Remix)

Tres avisos para quien lo use: el modelo genera solo música instrumental y marca el audio con SynthID; cambiar el tempo o la tonalidad obliga a reiniciar el contexto y suena un corte; y conviene leer el código que devuelve el asistente, que para eso está a la vista.

Domar lo indomable

Soy consciente de lo que estamos haciendo: intentar domar algo que no se deja domar, y que además está diseñado para que no haga falta. Pero es el tiempo que nos ha tocado vivir. Nuestro alumnado se va a encontrar estas herramientas, y se las va a encontrar sin manual y sin pedagogía. Si en clase solo aparecen como truco de magia, el truco gana. Si aparecen como objeto de análisis —esto es lo que hace, esto es lo que no, y esto es por qué—, entonces seguimos enseñando a escuchar, que es lo nuestro.

Bell tiene razón en el diagnóstico. Precisamente por eso no podemos dejar la herramienta en manos de quien solo quiere enseñarnos a pedirle cosas.


Nota de transparencia: la app se ha construido conversando con la IA de AI Studio, y este texto lo he redactado con la ayuda de Claude, a partir de mis pruebas, mis capturas y mis decisiones. Las escuchas, los juicios musicales y los errores son míos.


José Luis Miralles Bono

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